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Voceros de la decadencia

Los perversos deseos de Dady Brieva sobre el gobierno de Mauricio Macri (y para la sociedad argentina) vuelven a mostrar al odio como arma de construcción política argentina.

Así lo escuchamos también en las palabras de Alfredo Casero con su "queremos flan", en alusión a almas hambrientas y, según él, pretenciosas de comida por encima de las posibilidades de un país "prendido fuego".

Ambas apariciones mediáticas son representación del odio en boca de voceros de la decadencia de la representación política argentina.

Un desmorone que tiene sus razones: el deterioro de la calidad de la dirigencia política que ya no es representativa de una sociedad cansada de esperar soluciones prometidas elección tras elección, especialmente desde el retorno democrático de 1983.

Cada uno de estos voceros del odio y del resentimiento no hacen más que derrumbar un poco más el marco de institucionalidad que recuperamos no sin sangre, fuego y desapariciones, luego de la trágica última dictadura militar.

Sus palabras son el homenaje a la decadencia de una democracia que se quedó sin dirigentes que representen los intereses y preocupaciones de los más de 40 millones de argentinos.

En tanto y en cuanto no encontremos un cauce a los reclamos populares, más Alfredo Casero y más Dady Brieva deberemos escuchar; y seguramente algún candidato a lo Trump o Bolsonaro asomará en el escenario electoral, como para recordarnos la degradación política y cultural argentina.

Porque cuando los que supuestamente deben hablar, lo hacen, escupen palabras del cinismo más perverso y despiadado que se pueda oír y tolerar, como lo hizo el senador Miguel Ángel Pichetto, cuando le espetó al gobierno el reclamo de por qué no compraba periodistas con pauta, para que no se dijeran lo que consideró como barbaridades que se dicen en los medios.

Al incendio, más nafta; y a la democracia más intolerancia.