A principios de julio, el BCRA aumentó la tasa nominal mínima de los plazos fijos en 3 puntos porcentuales, hasta el 33%, lo que dejó una tasa efectiva anual del 38%. En abril la tasa nominal promedio había caído al 19%, pero la devaluación hizo que el Central cambiara de estrategia y volviera a subirla.

Gracias a estas subas, y sin posibilidad de ir al dólar por el cepo cambiario, muchos depositantes decidieron apostar al plazo fijo y su stock casi se duplicó en nueve meses, hasta los $ 2 billones. Por el otro lado, el peso tuvo una fuerte depreciación durante el año, ya que el dólar oficial se movió al ritmo de la inflación y subió 20%. En paralelo, los dólares alternativos pegaron un fuerte salto: por ejemplo, el dólar bolsa estaba alrededor de $ 70 en enero y actualmente ronda los $120, luego de haber superado los $130 en mayo.

Para lo que resta del año, el panorama no está muy claro. Respecto a la tasa, es probable que el Gobierno decida aumentarla un poco más, considerando la escasez de reservas del BCRA y la necesidad de que el excedente el pesos se vuelque a los plazos fijos y no al cupo de los US$ 200 mensuales.

Por el otro lado, los dólares contado con liquidación (CCL) y bolsa (a los que se puede acceder sin límite si no se usó el cupo de US$ 200 en los últimos 90 días) oscilan hace un par de meses entre $ 115 y $ 130. Con el arreglo de la deuda, sus cotizaciones cayeron, pero se recuperaron en poco tiempo y por ejemplo el CCL tiene una brecha con el oficial del 70%.

Suponiendo que la brecha se mantenga similar en lo que resta del año, y tomando la cotización del dólar futuro (oficial) para diciembre, el CCL podría ubicarse a fin de año en $ 150, con una suba del 16%. Asumiendo entonces que el dólar subirá al ritmo de la cotización futura y que la tasa de los plazos fijos se mantendrá en el 33% actual (con una estimación conservadora), convendría pasarnos a dólares si tuviéramos la certeza de que no necesitaremos los pesos.