Foto de portada: Hiperinflación en Argentina, por Roblespepe - Trabajo propio, CC BY-SA 4.0,

Sin importar el tamaño que tenga una empresa, en todas se necesitan conocer los estados financieros, es decir el desempeño que está teniendo la compañía en su negocio. Para eso es necesario entender cómo se compone estos estados financieros: la hoja de balance, el estado de resultados y el flujo de fondos.

Por la pandemia de coronavirus, el Gobierno se vio obligado a aumentar considerablemente el gasto público para costear la emergencia sanitaria.
Al estar gastando más que sus ingresos, tiene tres posibilidades para financiar este exceso de gasto: subir impuestos (imposible en un momento de completa parálisis económica), emitir deuda (imposible porque nadie nos prestaría a tasas razonables) o emitir dinero.

En este escenario, al Gobierno no le quedó otra que emitir dinero para financiar el gasto público, aunque esto puede traer consecuencias muy negativas para la economía en los próximos meses.

¿Qué es la hiperinflación?


Una hiperinflación es un aumento descontrolado y constante de los precios de una economía. Para que ocurra, la mayoría de los economistas consideran que la tasa de inflación mensual debe superar el 50%.
El efecto sobre el poder adquisitivo es devastador, ya que se producen aumentos constantes de precios mientras los sueldos reales (descontándoles la inflación) son cada vez más bajos.


En estos escenarios, los productos pueden aumentar más de una vez al día, ya que existe una incertidumbre altísima, y hay un gran aumento de la tasa de pobreza por la caída de los salarios reales.

¿Por qué ocurre?


Existe consenso internacional en que la principal causa de la inflación es el exceso de emisión del Banco Central. Esta teoría fue desarrollada por el economista Milton Friedman y consiguió resolver graves problemas inflacionarios en Chile, México, e Israel, entre otros países.

De hecho, muchas investigaciones académicas encuentran una relación casi perfecta entre emisión e inflación: es decir, que el monto en que aumente la emisión será el que suban los precios.

Pero para que haya hiperinflación no alcanza sólo con un exceso de emisión. Es necesario además que ese dinero circule en la economía, que el Banco Central se quede sin reservas para respaldar la moneda, y que haya una gran desconfianza sobre la moneda.

En marzo la emisión tuvo un aumento mensual de más del 33% y se cree que seguirá con altas tasas en los próximos meses para financiar el gasto público. Las reservas brutas del Banco Central rondan los US$ 40.000 millones, pero las de libre disponibilidad son alrededor de US$ 10.000 millones y vienen con tendencia a la baja. Respecto a la velocidad de circulación del dinero, hoy se ve restringida por la cuarentena, pero cuando esos pesos comiencen a circular podría ocurrir un salto importante de precios.

¿Cómo fue la hiperinflación en Argentina?


En Argentina tuvimos dos episodios hiperinflacioanarios y uno de altísima inflación. Este último fue en 1975, cuando Isabel Perón era presidenta y Celestino Rodrigo su ministro de economía, y se conoció como el “Rodrigazo”, con una inflación que superó el 700% anual.

Catorce años después, en 1989, llegó la hiperinflación al final del mandato de Raul Alfonsín, con una medición anual que superaba el 3.000%. Su sucesor, Carlos Menem, también sufrió este fenómeno al comienzo de su mandato antes de impulsar la Convertibilidad: en 1990, la inflación anual trepó al 2.314%.

Cabe recordar que, en su creación en 1985, el Austral era más fuerte que el dólar (1 dólar equivalía a 80 centavos de Austral), pero cuando terminó la “hiper” de 1990 la ecuación se invirtió drásticamente: un dólar equivalía a 10.000 australes.