Estamos tan atravesados por la tecnología que si no estás en línea no existís. El intercambio de sentimientos se ajusta a un si clavó el visto o no y cuándo fue su última conexión. Y en ese meollo nos preguntamos qué lugar ocupamos en la vida del otro. Si todo se reduce a la virtualidad estamos sonados.

Mirar a los ojos, decirnos te quiero y un sinfín de gesto trasciende la interconexión. En estos tiempos nos debemos meditar un poco antes que la vida on line nos digitalice las relaciones humanas.