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Putin y el desafío (¿contradictorio?) de una Rusia de "familias tradicionales" con igualdad de género

El "hombre fuerte" de Rusia, el presidente Vladímir Putin, se animó (al menos discursivamente) a meterse en las cuestiones de género.

En su intervención en el Foro Euroasiático de Mujeres de San Petersburgo, el mandatario llamó a combatir la desigualdad de género.

Putin señaló: "En nuestro interés general está el solucionar el problema de la desigualdad de género, eliminar los estereotipos, que lamentablemente aún existen, y las limitaciones al ascenso laboral".

Estas palabras no son un dato informativo más.

El presidente ruso fue acusado varias veces por machismo, en tierras en donde el patriarcado religioso (masculino, claro) arrastra una larga tradición de sesgo tradicionalista.

#Rusia | Putin llama a defender la familia tradicional, también abogó por allanar el camino para que “las niñas reciban la educación necesaria” para progresar en la sociedad.
➡️https://t.co/YtG08SuQR5 pic.twitter.com/SAjk8j9Pdl— La Resistencia (@Resistencia_pe) 20 de septiembre de 2018

Seguramente en las palabras de Vladimir Putin asoma una necesidad de la economía de su país y del resto del mundo, además de una urgencia demográfica.

Esto quedó al descubierto a remarcar que las mujeres deben ser una" solución de importantísimos problemas socioeconómicos y humanitarios".

En ese sentido agregó: "Sin lugar a dudas, el mundo, los estados, solo ganan si hay más historias de éxitos de mujeres. Podremos reforzar el potencial nacional, garantizar un desarrollo global sólido. Por cierto, para todas las civilizaciones".

Pero en tierras rusas, las libertades siguen quedando entre paréntesis; y la igualdad de género está lejos de ser garantizada.

En otro tramo de sus palabras ante el Foro Euroasiático de Mujeres de San Petersburgo, Vladimir Putin puso "las cosas en su lugar".

Tras reclamar la paridad de género entre hombres y mujeres se despachó con un rosario de frases a favor de la "familia tradicional".

En ese sentido, subrayó la importancia de conservar "los valores tradicionales, los valores de la familia y la maternidad que ahora no dependen de la contribución de la sociedad y del progreso tecnológico y son comunes para los países con distintas culturas, hábitos o códigos".

Paso seguido, Putin exudó patriarcado al destacar que en  Rusia hay una relación "entrañable", "profunda" y "sincera" con las mujeres, a las que el Gobierno respalda en los ámbitos laboral, social, empresarial y de voluntariado.

Esta apelación a las tradiciones rusas no parecen ser casuales.

El gigante europeo viene atravesando un preocupante fenómeno de envejecimiento de su población; algo que al resto del mundo occidental también le está sucediendo.

Es decir: Rusia necesita más nacimiento que solo pueden darse, según la concepción de Vladimir Putin, al interior de las "familias tradicionales".

En ese sentido, el mandatario destacó el nuevo programa demográfico para los próximos años.

Se trata de un conjunto de medidas de ayuda a las familias con bajos ingresos.

Pero en su capítulo más destacado, el plan contempla un plan de apoyo a la natalidad.

Más niños y niñas con más familias tradicionales parece ser una pretensión contradictoria.

Especialmente, si a la vez se pretende sostener los valores de un concepto conservador de familia que relegó a la mujer a un rol hogareño de acompañamiento del hombre como jefe de familiar y como recolector de las necesidades materiales de su casa.