Qué hacer en Roma: guía de tres días, del Vaticano al Coliseo
Itinerario real de tres días en Roma: Vaticano, Capilla Sixtina, Coliseo, Foro Romano, Fontana di Trevi y Trastevere, con consejos útiles.
Roma pide tres días completos: uno para el Vaticano y el centro histórico, otro para el Coliseo y el Foro Romano, y un tercero para la audiencia papal, las plazas y Trastevere. Esta guía sale de nuestros viajes reales por la capital italiana, la ciudad donde se funden el pasado, el presente y el porvenir, reorganizados para que armes tu propio itinerario.
El itinerario de un vistazo
| Día | Qué hacer |
|---|---|
| 1 | Vaticano: San Pedro, la cúpula, los Museos Vaticanos y la Capilla Sixtina, con parada previa en Campo de Fiori y su mercado; regreso por Sant'Angelo, Plaza Navona, el Panteón y la Fontana di Trevi |
| 2 | Coliseo con guía, Palatino y Foro Romano |
| 3 | Audiencia papal (miércoles), Plaza del Pópolo, Piazza di Spagna y Trastevere |
La llegada y cómo moverse
Termini es la estación central y el nodo de todo: Roma tiene dos líneas de subte, la A y la B, que conectan los principales puntos de interés y combinan justamente bajo Termini. En la estación conviene tomar algunas precauciones con bolsos y pertenencias, como en cualquier lugar donde abundan los turistas. Del otro lado del viaje, el aeropuerto de Fiumicino queda a una hora de la capital: si tu vuelo sale a primera hora, resolvé el traslado con anticipación porque a esa hora es dificultoso conseguir transporte.
Día 1: el Vaticano
Conviene arrancar a primera hora de la mañana: la mayor cantidad de gente llega al mediodía y a la tarde, y temprano la visita se hace sin demoras. El subte deja en la estación Ottaviano, a unas tres cuadras de la plaza de San Pedro, cuya arquitectura —las columnas, la Vía della Conciliazione, tanta historia vista mil veces por televisión— es difícil de describir en persona. La Basílica de San Pedro deja pasmado a cualquiera: no existe en toda ella lugar sin moldura o adorno. Después toca subir a la cúpula: hay opción de escaleras o ascensor (como referencia de nuestro viaje, 5 y 7 euros; verificá tarifas actuales), aunque el ascensor llega hasta un punto intermedio y el resto se sube por escaleras cada vez más empinadas, de a una persona, con un tramo donde hay que agarrarse de una soga. Vale cada escalón: desde la cima se ven la ciudad, la plaza y los jardines vaticanos. A tres cuadras, bordeando los muros, esperan los Museos Vaticanos y su gran final, la Capilla Sixtina, donde recién se comprende el talento y la precisión que llevó pintar esos muros y techos. Y un dato clave: la audiencia papal es los miércoles en la Plaza de San Pedro; se llena muchísimo, así que hay que ir bien temprano para ver pasar al Papa de cerca.
Los Museos Vaticanos por dentro
A los Museos Vaticanos les dedicamos medio día entero, y la logística importa. Compramos las entradas por un conocido portal de viajes con un pase que incluía guía y acceso rápido sin colas, y es un punto clave: como referencia de nuestro viaje, las filas para entrar iban de una hora y media a dos horas (verificá modalidades y precios antes de viajar). La entrada es compleja —varios controles de seguridad, muchísima gente, cientos de grupos de turistas—, así que la pregunta cae de madura: ¿vale la pena? Absolutamente. Recorrer los espacios por donde anduvieron Miguel Ángel, Rafael y Leonardo no tiene precio, como tampoco tanto arte concentrado en tan pocos metros cuadrados, incluyendo mucho de la antigüedad clásica y La Piedad en la opulenta y magnífica Basílica de San Pedro. La excursión termina con el broche de la Capilla Sixtina y un paseo por la Ciudad del Vaticano.
Nuestro camino de ese día, además, es un plan en sí mismo: arrancamos con un gran desayuno en el Bar Meccanismo, frente a la Piazza Trilussa —recomendamos ambos—, y fuimos caminando desde el Trastevere, bordeando el Tíber, hasta Campo de Fiori: una plaza pública con una fuente muy linda, un mercado de frutas y comidas increíbles y bares y restaurantes en todo el perímetro. Vale tanto a la mañana, para experimentar la vida local, como a la tarde-noche, para salir a divertirse. A la vuelta, unas fotos en el castillo Sant'Angelo y el regreso bordeando el Tíber por el Lungotevere hasta Villa Farnesina, muy recomendable si querés seguir disfrutando de arte renacentista.
Una advertencia gastronómica: la Antica Trattoria Alberto y Graziela, a unas cuadras del Vaticano, es famosa para los oyentes argentinos de Perros de la Calle, en Radio Metro, donde cada tanto sacaban al aire a Graziela, una señora seca y de pocos modales que se supone parte de la mística del lugar. Fuimos, y nuestro consejo es no ir: nos pareció un lugar sucio, feo y caro, con mala atención y una comida que no destaca —como referencia de época, una ensalada nos costó 40 euros—. Al momento de escribir esta guía figuraba cerrada; si reabre, ya sabés a qué atenerte.
La caminata del centro: de Sant'Angelo a la Fontana di Trevi
La vuelta del Vaticano es una caminata perfecta: el castillo Sant'Angelo a orillas del río, la Plaza Navona con su obelisco, sus fuentes y su mercado, y a tres cuadras el Panteón, uno de los pocos edificios de la antigüedad que siguen en pie, todo cilíndrico y con una cúpula —y su óculo— dignos de admirar (a veces cierra por eventos oficiales: si te pasa, volvé otro día). Siguiendo camino, primero se escucha el ruido del agua y después aparece la Fontana di Trevi: tomate unos minutos para ver las reacciones de la gente al llegar, tirá las monedas y sentate a tomar un café contemplándola. El regreso pasa por el monumento a Vittorio Emanuele y por la Via dei Fori Imperiali, donde las ruinas anticipan, casi a modo de premio, el símbolo mayor de Roma: el Coliseo.
Día 2: el Coliseo, el Palatino y el Foro Romano
Al Coliseo hay que ir desde temprano: la fila es larga y desanima. Nuestra recomendación es tomar alguno de los guías que se ofrecen en las afueras —hicimos un tour en español excelente, con un guía súper informado que ni la lluvia frenó—: agilizan el ingreso y sin ellos uno se pierde las historias de peleas de poder, gladiadores y usos del edificio hasta el Vía Crucis actual. La entrada incluye también el Palatino, a pocos metros. Y el Foro Romano es indescriptible: caminar las ruinas del que fue el imperio más grande de la humanidad, aun donde solo queda piedra sobre piedra, es de las experiencias más impactantes del viaje. Dos consejos prácticos: leé bien el punto de encuentro si comprás la excursión online (suele ser en el propio Coliseo, no en la agencia), y si vas en primavera llevá ropa para lluvia: comprar un piloto ahí mismo sale más caro, y si lo hacés, regateá.
Día 3: las plazas, Trastevere y la despedida
El último día es para la Plaza del Pópolo y la Piazza di Spagna, con su fontana y su arquitectura de película, y para perderse un poco por la Roma no comercial, esa que solo los romanos conocen. El cierre ideal es Trastevere de noche, por sus callecitas con encanto, con la clásica e infalible pizza con cerveza: en Roma las pizzerías venden porciones de tantísimas variantes —¡hasta de papas fritas!— y para los amantes de la pizza es la felicidad. Desde Fiumicino salen además los vuelos low cost para seguir ruta por Europa; a nosotros nos tocó despedirnos rumbo a Palermo, en Sicilia, con la certeza de que a Roma siempre se vuelve.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos días se necesitan para conocer Roma?
Roma pide tres días completos: uno para el Vaticano y el centro histórico, otro para el Coliseo, el Palatino y el Foro Romano, y un tercero para la audiencia papal, las plazas y Trastevere.
¿Conviene tomar un guía en el Coliseo?
Sí. El Coliseo es el día 2 del itinerario junto al Palatino y el Foro Romano, y con guía el recorrido se aprovecha mucho más: son tres sitios encadenados y sin contexto histórico se recorren sin entender qué se está viendo.
¿Conviene comprar las entradas a los Museos Vaticanos con anticipación?
Sí, es el punto clave de ese día. Compramos un pase con guía y acceso rápido sin colas: como referencia de nuestro viaje, las filas para entrar iban de una hora y media a dos horas. Verificá modalidades y precios antes de viajar. A los Museos conviene dedicarles medio día entero, y también arrancar a primera hora de la mañana, porque la mayor cantidad de gente llega al mediodía y a la tarde.
¿Cuándo se puede ver al Papa en Roma?
La audiencia papal es los miércoles en la Plaza de San Pedro. Se llena muchísimo, así que hay que ir bien temprano si querés ver pasar al Papa de cerca.
¿Cómo conviene moverse por Roma?
Termini es la estación central y el nodo de todo: Roma tiene dos líneas de subte, la A y la B, que conectan los principales puntos de interés y combinan justamente bajo Termini. Para el Vaticano, el subte deja en Ottaviano, a unas tres cuadras de la plaza de San Pedro. En la estación conviene cuidar bolsos y pertenencias, como en cualquier lugar con muchos turistas. El aeropuerto de Fiumicino queda a una hora: si tu vuelo sale a primera hora, resolvé el traslado con anticipación, porque a esa hora es difícil conseguir transporte.
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