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Lograr solidez financiera es un objetivo que mucha gente persigue a lo largo de su vida. Obtener propiedades, tener dinero en el banco, asegurarle una herencia a los hijos o disponer del capital para darse gustos es la motivación para el arduo esfuerzo y las numerosas horas entregadas al empleo o profesión.

En nuestra sociedad se enseña que a través de la educación, el trabajo duro y el empeño es posible conseguir un puesto laboral decente, hacer carrera e ir ascendiendo con los años, ganando más dinero y obteniendo mejores beneficios.

Pero, ¿Es esta la mejor forma de generar riqueza? ¿Este es el método que utilizan las personas acaudaladas? Si fuera así, ¿No deberían ser ricas todas las personas que se esfuerzan y trabajan duro? ¿Es ésta la verdadera educación financiera básica que se necesita?

Algunas de estas preguntas expuso el magnate de los negocios Robert Kiyosaki, en su famoso best-seller “Padre rico, padre pobre”: un libro central para conocer qué es lo que verdaderamente se necesita para transformar de raíz la situación económica personal, independientemente de los capitales o recursos iniciales.

Robert Kiyosaki
Robert Kiyosaki

En el texto, Kiyosaki narra que desde pequeño recibió consejos financieros de dos figuras importantes: su “Padre pobre” y su “Padre rico”. Ellos le enseñaron, con relatos, análisis y ejemplos concretos, qué era el dinero, para qué obtenerlo, cómo mantenerlo y administrarlo. A las claras, las visiones de sus “Padres” eran muy distintas y contrastantes entre sí.

Su “Padre pobre” reproducía el discurso social antes mencionado: El dinero se consigue con gran esfuerzo a través de la educación y el trabajo activo. Primero viene la formación, después la búsqueda laboral y una vez obtenido un puesto, se lucha por conseguir mejoras, ascensos y reconocimientos.

Para el “Padre pobre”, los ingresos se obtienen exclusivamente trabajando y así se hace durante toda la vida, hasta la jubilación. La etapa de retiro también está condicionada por el tipo de labor realizada durante los años activos, los ahorros que se hayan conseguido o el tipo de pensión estatal que pueda adquirirse.

Robert Kiyosaki
Robert Kiyosaki

El “Padre rico”, en cambio, tenía una perspectiva muy diferente sobre la Ed. Financiera. Por supuesto, no desdeñaba el trabajo duro, pero entendía que esa forma de buscar la solidez económica sólo genera una dependencia total al salario. Entonces, sin trabajo no hay dinero ni posibilidades de crecer.

Él le enseña a Kiyosaki el valor de los “ingresos pasivos”, una de las palabras clave de la educación financiera. Se trata de generar dinero por fuera del intercambio laboral. Son capitales que entran en los bolsillos sin que tengamos que hacer “algo” para tenerlos (dar una clase, construir una mesa, asesorar a un cliente). Este flujo se produce a partir de inversiones y sistemas de negocios.

Cuando una persona se enfoca en generar cada vez más ingresos pasivos, está encaminada hacia la libertad financiera y la logrará, cuando el dinero que “entra” sea mayor que el que “sale” de los balances personales. Para esto, es de suma importancia llevar un registro de gastos y entradas, aprender a ahorrar e invertir, comprender cómo funciona el dinero y por sobre todo, perderle el miedo, entre otras características de la educación financiera de calidad.

Este es el mensaje que Kiyosaki lleva más de veinte años propagando, a través de su prolífica obra, sus cursos, talleres y materiales didácticos. Se abocó a la tarea de compartir los componentes de la educación financiera, una vez que los comprobó él mismo obteniendo fabulosos resultados, como retirarse a los 47 años con una considerable fortuna.

Aprender de educación financiera lleva tiempo, lectura y ejercitación. Es un constante proceso de prueba y error que va forjando a la persona en el mundo de las finanzas, el ahorro y brindándole una visión más amplia sobre gastos e ingresos.

Afortunadamente, cualquiera puede cambiar el rumbo de su economía, más allá del dinero que tenga en la cuenta, las propiedades que posea o el nivel escolar alcanzado. Para Kiyosaki, la educación financiera es tanto o más importante que aprender matemáticas en la escuela, porque está en absolutamente todo lo que hacemos día a día: pagar cuentas, hacer compras, adquirir inmuebles o ahorrar para un viaje.

Por esto, el autor ofrece todo tipo de talleres y materiales de educación financiera para principiantes, así como consejos para los que están más avanzados en el camino hacia la tranquilidad financiera. Kiyosaki considera que todo el mundo tiene la posibilidad de transformarse económicamente y que el bienestar no es patrimonio exclusivo de los ricos.

Sólo se necesita abandonar la “carrera de ratas”, analizar el comportamiento de los más acaudalados y tomar decisiones inteligentes con los negocios. Así, se da vuelta la ecuación y en vez de trabajar incansablemente por el dinero, el dinero comienza a trabajar para usted.