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Cuando la gente me pregunta si creo que estamos en una burbuja financiera, mi respuesta es: sí.

Foto de portada Rajesh Rajput en Unsplash

Pero no me preocupan las burbujas, porque me encanta cuando el mercado colapsa. Mucha gente piensa que estoy absolutamente loco por decir tal cosa.

En varias ocasiones he hablado acerca de este tema de booms, desplomes y burbujas, pero dado que el mundo parece estar amenazado por esta dinámica constantemente, creo que es un buen momento para repasar un poco al respecto.

A lo largo de los años, he leído varios libros sobre esto. Casi todos cubren la fiebre de los tulipanes en Holanda, la Burbuja de los Mares del Sur y, por supuesto, la Gran Depresión. Uno de los mejores libros, “¿Puede suceder de nuevo?”, fue escrito en 1982 por el premio Nobel Hyman Minsky.

En este libro, describió las siete etapas de una burbuja financiera. Estos son:

Etapa 1: Una ola de shock financiero

Una crisis comienza cuando una turbulencia financiera altera el estatus quo económico de ese momento. Podría ser una guerra, tasas de interés bajas o nuevas tecnologías.

Etapa 2: Aceleración

No todos los shocks financieros se convierten en booms. Se necesita algún combustible, como cuando echas gasolina al fuego. Después del 11 de septiembre, creo que el combustible en el mercado inmobiliario fue el pánico que se generó cuando el mercado de valores se desplomó y las tasas de interés cayeron. Miles de millones de dólares ingresaron al sistema desde los bancos y la Bolsa, y tuvo lugar el mayor auge inmobiliario de la historia.

Etapa 3: Euforia

Todos nos hemos perdido alguna tendencia alcista del mercado. Un inversor bien preparado sabe que debe esperar al próximo boom, en lugar de apresurarse a entrar a uno cuando ya es demasiado tarde. Pero cuando la aceleración se convierte en euforia, aquellos con menos educación se impacientan.

Si nos remontamos a 2003, nos topamos con que la masa inversora se estaba metiendo de lleno en bienes raíces. Para que te des una idea, la cajera de mi supermercado local me entregó su tarjeta de visita de agente de bienes raíces, recién impresa.

El mercado inmobiliario se había convertido en un tema candente de discusión en las fiestas. Y las residencias personales se convirtieron en cajeros automáticos, cuando los deudores de tarjetas de crédito tomaron préstamos a largo plazo para pagar deudas a corto plazo.

Las compañías hipotecarias se anunciaban sin parar para atraer a la gente a pedir prestado más dinero. Los planificadores financieros, cansados de explicar a sus clientes por qué sus planes de retiro estaban dando pérdidas, abandonaron el barco para convertirse en agentes hipotecarios. Durante este período eufórico, los aficionados creían que eran genios inmobiliarios. Trataban de convencer a cualquiera sobre cuánto dinero habían ganado y cuán inteligentes eran.

Etapa 4: Tensión financiera

Los insiders comienzan a venderles a los inversores que están afuera. Los desinformados caen en la trampa. Estos son los que se mantuvieron al margen durante años, viendo subir los precios y que no se atrevían a formar parte del auge.

Finalmente, la euforia y las historias de amigos y vecinos que obtienen ganancias extraordinarias en el mercado llegan a estos. Los recién llegados, los escépticos, los desinformados y los tímidos finalmente son vencidos por la codicia y se apresuran a caer en la trampa, con efectivo en mano.

No pasa mucho tiempo antes de que la realidad y la angustia aparezcan. Los más inexpertos se dan cuenta de que están en problemas. El terror se instala y comienzan a vender. Empiezan a odiar el activo que alguna vez amaron, independientemente de si se trata de acciones, bonos, fondos mutuos, bienes raíces o metales preciosos.

Etapa 5: El mercado retrocede y el boom se convierte en desplome

Los desinformados comienzan a darse cuenta de que los precios no siempre suben. Caen en cuenta de que los inversores preparados han vendido y ya no compran. Los compradores se convierten en vendedores y los precios comienzan a bajar.

Minsky se refiere a este período como “descrédito”. Mi padre rico solía decir que: “Aquí es cuando Dios te recuerda que no eres tan inteligente como pensabas”. El dinero fácil se ha ido y las pérdidas comienzan a acelerarse.

Etapa 6: Comienza el caos

Los inexpertos ahora odian su activo. Empiezan a deshacerse de él a medida que los precios caen y los bancos dejan de prestar dinero. El pánico se acelera. El boom es ahora oficialmente un colapso. En este momento, es posible que se instalen controles para frenar la caída, como suele ser el caso del mercado de valores. Si la caída continúa, se comienza a buscar un prestamista de último recurso para salvarnos a todos. A menudo, este es el banco central.

La buena noticia es que en esta etapa, los inversores bien preparados despiertan de su letargo y vuelven a entusiasmarse. Son como un oso hibernando que se despierta después de un largo sueño y encuentra botes de basura, llenos de comida cara y champán de la fiesta de la noche anterior, colocados justo afuera de su guarida.

Etapa 7: El caballero blanco aparece

Eventualmente, el colapso llega a su punto más álgido y el gobierno interviene y no siempre de la mejor manera.

Sin embargo, con los precios en mínimos aparecen las grandes oportunidades. Es por eso que me encanta cuando el mercado colapsa.

Entonces, en lugar de preguntarnos: “¿Estamos una burbuja?” es más inteligente desde el punto de vista financiero preguntarse: “¿En qué etapa de la burbuja estamos?” Luego, puedes decidir si debes tener miedo, ser codicioso o estar hibernando.

Miedo y codicia

Los inversores se mueven por dos emociones: el miedo y la codicia. Demasiado miedo puede hundir las acciones muy por debajo de donde deberían estar. Y, por el contrario, cuando los inversores se vuelven codiciosos, pueden hacer subir demasiado los precios de las acciones.

CNN Money tiene algo que llaman el Índice de miedo y codicia y, básicamente, es un indicador de cuál emoción está impulsando los mercados en un momento dado. Actualmente, este sugiere que, al igual que durante el último mes, el mercado está siendo impulsado por la codicia.

Desde pequeños, aprendemos a sucumbir a la presión grupal como el camino de menor resistencia. Cuando se trata de invertir, nos reconforta que todos los demás estén haciendo lo mismo. Por ejemplo, si todo el mundo está comprando acciones tecnológicas sobrevaloradas, incluso si su cerebro racional les dice que esto es una locura, justifican su decisión porque “todos mis amigos lo están haciendo y están ganando dinero, así que debe estar bien”.

Estoy de acuerdo con la evaluación de CNN Money y su índice. Con los mercados de valores subiendo, el precio de Bitcoin subiendo y los mercados inmobiliarios residenciales en llamas, es fácil ver que estamos en la fase tres de una burbuja: la euforia.

Por qué la educación financiera es clave para sobrevivir

Desafortunadamente, el inversor común no comprende los fundamentos de los mercados. Simplemente compra porque la tendencia es alcista y no quiere quedarse afuera.

Entonces, ¿cuál es la clave para sobrevivir? La respuesta se encuentra en la educación financiera.

Al comprender cómo funcionan la dinámica del dinero y los mercados, estarás mejor preparado para identificar las tendencias y beneficiarte de ellas. Warren Buffett ha construido su fortuna haciendo precisamente eso. Y yo también.

Sigo creyendo que se avecina la mayor caída del mercado de valores en la historia.

También creo que, con la educación financiera adecuada, puedes prosperar mientras otros luchan por sobrevivir en esas condiciones.

Todo lo que necesitas es dejar atrás tus emociones para comprender verdaderamente cómo funciona el dinero y cómo hacer que este trabaje para ti.

¡Actúa con inteligencia!

Para El Inversor Diario

Robert Kiyosaki

Autor del best-seller Padre Rico, Padre Pobre, y una quincena de otros libros, es uno de los mayores gurús de las finanzas personales del mundo. Gracias a una alianza con Agora Financial de Estados unidos, en Inversor Global nos enorgullecemos de presentar Las inversiones de mi Padre Rico, el único servicio donde Robert revela acciones puntuales para comprar y vender.