El incidente OVNI de la Base Ellsworth: la abducción nuclear de 1977 y el testigo que apareció 47 años después
Dos custodios de misiles nucleares perdieron 9 horas frente a un OVNI en 1977. Fueron silenciados y se reencontraron medio siglo después.
El incidente OVNI de la Base Aérea Ellsworth ocurrió en noviembre de 1977 en Dakota del Sur (Estados Unidos), cuando dos custodios de seguridad de la Fuerza Aérea (USAF), Mario Woods y Michael Johnson, acudieron a verificar una alarma de intrusión en el silo de misiles nucleares Minuteman N-5 (November-5). Al llegar al perímetro, presenciaron una estructura no humana de colosales dimensiones suspendida a escasos metros sobre el silo nuclear, sufrieron la parálisis total de su vehículo y experimentaron un episodio de tiempo perdido (missing time) de nueve horas. Tras ser localizados al amanecer cerca de una represa, fueron sometidos a interrogatorios militares aislados con pentotal sódico, amenazados con penas de traición y separados forzosamente. Cuarenta y siete años después, una investigación encabezada por Jesse Michels (American Alchemy) logró localizar al testigo desaparecido, propiciando su reencuentro y una doble regresión hipnótica cruzada que confirmó, con idénticos detalles, uno de los sucesos más documentados de la Guerra Fría.
Alarma en el silo nuclear November-5: una estructura sobre el complejo militar
En el otoño de 1977, en plena Guerra Fría, la Base Aérea Ellsworth albergaba una de las mayores concentraciones de misiles balísticos intercontinentales LGM-30 Minuteman II de los Estados Unidos. La custodia de estas instalaciones subterráneas recaía en el 44.º Escuadrón de Seguridad de Misiles, unidad a la que pertenecían el sargento Mario Woods y el policía de seguridad Michael Johnson. Su misión diaria consistía en patrullar las desoladas praderas de Dakota del Sur a bordo de camionetas militares Ford preparadas para el invierno, respondiendo a cualquier anomalía en los complejos de lanzamiento dispersos por cientos de kilómetros cuadrados.
Durante una guardia nocturna bajo temperaturas bajo cero, la central de control de lanzamiento notificó una activación de alarma en el silo N-5 (conocido en el código fonético como November-5). El sistema señalaba una intrusión simultánea en los perímetros de seguridad interior y exterior. Woods y Johnson fueron despachados de urgencia para verificar la anomalía.
Al aproximarse a la valla de alambre de púas del complejo nuclear, ambos soldados advirtieron un resplandor inusual que no provenía de las torres de guardia. Al doblar el último tramo del camino de tierra, observaron una estructura suspendida en el aire directamente encima de la cubierta de hormigón del misil. Según describió Woods, el objeto tenía la altura equivalente a un edificio de cuatro plantas, carecía de remaches, alas o motores visibles y emitía una luminosidad ámbar difusa que iluminaba el terreno nevado sin generar el menor sonido.
En ese instante, la camioneta militar sufrió un fallo eléctrico absoluto: los faros se extinguieron, el motor se detuvo en seco y la radio de comunicación con la base quedó sumida en un zumbido denso de estática. El protocolo militar de respuesta rápida quedaba completamente anulado en cuestión de segundos.
La esfera negra, el mensaje telepático y las nueve horas de vacío
Inmovilizados dentro de la cabina, Woods y Johnson intentaron reaccionar de acuerdo con su entrenamiento militar. Intentaron empuñar sus fusiles reglamentarios M16, pero descubrieron con terror que sus cuerpos no respondían. Una parálisis motora rígida les impedía mover los brazos, girar el cuello o abrir las puertas del vehículo.
Desde la parte inferior de la gigantesca estructura comenzó a descender un segundo elemento: una esfera negra opaca que flotaba a baja altura y se desplazaba con trayectorias angulares perfectas. Detrás de la esfera aparecieron varias figuras antropomórficas, delgadas, de estatura superior a los dos metros, cuyos rostros pálidos y ojos oscuros se recortaron contra el cristal del parabrisas del vehículo.
Fue en ese punto crítico cuando Woods escuchó con total nitidez, resonando en el interior de su propia cabeza antes de perder el conocimiento, una voz pausada que pronunció en inglés: “Do not fear” («No teman»). Esa frase fue el último registro consciente de ambos custodios antes de una desconexión total de sus memorias.
El despertar se produjo recién a las 6:30 de la mañana del día siguiente. Woods y Johnson recuperaron la conciencia tiritando de frío dentro de la camioneta. El vehículo ya no estaba junto al silo nuclear N-5, sino detenido en un terraplén frente a un embalse de agua a varios kilómetros de distancia, con la batería totalmente descargada y el tanque de combustible intacto. Habían transcurrido más de nueve horas de las que ninguno de los dos conservaba recuerdo alguno.
Pentotal sódico y silenciamiento: el protocolo militar ante anomalías nucleares
Cuando el equipo de búsqueda y rescate (SAT) de la Fuerza Aérea localizó la camioneta, el trato hacia los dos custodios distó radicalmente de la asistencia sanitaria estándar. Pese a presentar síntomas evidentes de hipotermia y confusión mental, fueron trasladados a dependencias reservadas de la base y confinados en celdas de interrogatorio independientes.
Agentes pertenecientes a la Oficina de Investigaciones Especiales de la Fuerza Aérea (AFOSI) y oficiales médicos sin identificación visible tomaron el control del operativo. Durante días, Woods y Johnson fueron sometidos a interrogatorios extenuantes bajo la administración forzada de pentotal sódico (fármaco barbitúrico utilizado históricamente por agencias de inteligencia como suero de la verdad) para registrar si recordaban detalles clasificados o si su relato constituía una invención.
A Mario Woods se le extrajo una muestra de tejido dérmico del antebrazo y se lo sometió a escaneos radiológicos repetidos para medir posibles trazas de radiación ionizante. La conclusión del mando militar fue inflexible: el suceso quedaba catalogado bajo secreto de estado, clasificado bajo advertencia de enjuiciamiento penal por traición militar según el Código Uniforme de Justicia Militar (UCMJ).
La estrategia del mando para neutralizar el caso fue la separación definitiva. A Michael Johnson se le tramitó una baja médica y administrativa inmediata, alegando desequilibrio funcional, y fue desvinculado del servicio militar con una debilidad motriz permanente en uno de sus brazos. Mario Woods permaneció en la fuerza bajo vigilancia constante, reasignado a tareas menores. Durante los siguientes 47 años, Woods intentó reiteradamente localizar a su compañero de patrulla a través de registros de veteranos, sin éxito: los expedientes de Johnson en la base parecían haber sido expurgados del registro activo.
El reencuentro 47 años después y la doble regresión hipnótica
La reapertura del caso se produjo a principios de 2026 gracias a una investigación de Jesse Michels, documentalista al frente del canal American Alchemy, junto a Ammar Kandil (cofundador de Yes Theory). Tras entrevistar previamente a Woods sobre el incidente de Ellsworth, el equipo periodístico dedicó meses a rastrear bases de datos genealógicas, registros públicos de veteranos y padrones electorales hasta dar con el paradero de Michael Johnson, quien vivía retirado en el estado de Nevada, lejos de cualquier ámbito ufológico y con secuelas de salud derivadas de su licenciamiento.
La primera llamada telefónica entre ambos veteranos tras casi medio siglo sin saber si el otro continuaba con vida marcó el inicio de una investigación exhaustiva. Con el consentimiento de ambos, la reconocida terapeuta Yvonne Smith —con más de cuatro décadas de experiencia en regresión hipnótica aplicada a traumas y anomalías de tiempo perdido— condujo sesiones clínicas individuales y separadas con cada uno.
Los resultados de las transcripciones hipnóticas asombraron a los investigadores: sin haberse comunicado en 47 años, ambos describieron con exactitud idéntica los mismos elementos del interior de la nave:
- Un recinto circular sin uniones visibles con un suelo reflectante que parecía líquido pulido.
- La presencia de entidades de extremidades largas y dedos alargados que manipulaban instrumental médico sin tocar directamente los cuerpos.
- La sensación de flotación horizontal asistida sobre plataformas suspendidas.
- El impacto físico de una manipulación específica en el brazo de Johnson, coincidente con la pérdida de fuerza muscular que sufrió desde aquel día de 1977.
El patrón nuclear: la constante de los incidentes UAP sobre silos Minuteman
El caso de la Base Ellsworth no representa un hecho aislado, sino que encaja con precisión en el patrón documentado por el historiador Robert Hastings en su obra de referencia UFOs and Nukes: Extraordinary Encounters at Nuclear Weapons Sites. A lo largo de las décadas de 1960 y 1970, instalaciones clave del Comando Estratégico Aéreo (SAC) como Malmstrom AFB (Montana, 1967), Minot AFB (Dakota del Norte) y Vandenberg AFB registraron incursiones aéreas inexplicables sobre sus silos de misiles balísticos.
En el incidente de Malmstrom, por ejemplo, diez misiles Minuteman quedaron temporalmente fuera de servicio operativo (en condición No-Go) mientras un disco luminoso sobrevolaba el complejo de lanzamiento. Lo que distingue al incidente de Ellsworth protagonizado por Woods y Johnson es que trascendió la mera interferencia electromagnética o de telemetría: implicó el contacto visual directo de la guardia armada a corta distancia, un episodio prolongado de pérdida de tiempo y la aplicación deliberada de protocolos de silenciamiento médico y farmacológico por parte de la jerarquía militar.
Preguntas frecuentes sobre el incidente de la Base Ellsworth
¿Qué ocurrió en el incidente OVNI de la Base Ellsworth en 1977?
Dos guardias de seguridad de la Fuerza Aérea de EE. UU., Mario Woods y Michael Johnson, acudieron a una alarma en el silo de misiles nucleares N-5 en Ellsworth AFB. Al llegar, presenciaron un OVNI masivo sobre el silo, su camioneta quedó inmovilizada y perdieron nueve horas de tiempo consciente. Tras ser encontrados cerca de un embalse, fueron interrogados y silenciados por las autoridades militares.
¿Quiénes son Mario Woods y Michael Johnson?
Eran dos policías de seguridad pertenecientes al 44.º Escuadrón de Seguridad de Misiles de la USAF en Dakota del Sur, encargados de la custodia y respuesta armada ante amenazas contra los silos de misiles balísticos intercontinentales Minuteman II.
¿Por qué la Fuerza Aérea utilizó pentotal sódico en los testigos?
El pentotal sódico es un fármaco barbitúrico utilizado como suero de la verdad. Los agentes de inteligencia militar lo administraron durante los interrogatorios clandestinos para verificar si los soldados habían sufrido un shock psicológico, si existía una fuga de información clasificada o qué información recordaban del tiempo transcurrido durante las nueve horas desaparecidos.
¿Cómo se produjo el reencuentro 47 años después?
El periodista e investigador Jesse Michels, a través de su programa American Alchemy, rastreó el paradero de Michael Johnson tras décadas de búsqueda infructuosa de Mario Woods. Tras conectarlos, ambos se reunieron en persona y participaron en una regresión hipnótica cruzada con la terapeuta Yvonne Smith que corroboró de forma independiente los mismos detalles del secuestro militar y la experiencia a bordo del objeto.
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