¿Cómo realizar el trabajo de duelo en épocas de pandemia? ¿Es posible a pesar de todas las restricciones que se presentan?.

Hace unos días leí en internet la consulta de una mujer acerca de cómo era posible despedirse de una persona querida en estos tiempos. Tiempos en los que si el fallecido había muerto a causa COVID-19 el Estado dispondría del cuerpo, se lo llevaría, lo cremarían y luego se lo llevarían a sus familiares.

Las preguntas en esta publicación también rondaban en torno a: ¿Será realmente mi familiar el que esté en esa caja? ¿Se demorarán en traerlo conmigo?. A posterioridad salió una noticia que hablaba de que se intentaba brindar apoyo a las personas que tienen fallecidos por esta pandemia en España y se les pedía que confíen en que iban a tratar a su muerto con el mayor respeto. Debajo de esta publicación veía más dudas acerca de cómo podrían lidiar con no tener contacto con el cuerpo de ese familiar que ha fallecido.

Más tarde, en una nota de la BBC leí dos testimonios que me llamaron la atención. Uno decía que el coronavirus "primero te aísla de tus seres queridos justo antes de morir. Después no permite que nadie tenga un cierre emocional" y el otro hablaba de lo que estaban haciendo ante estas muertes en algunas funerarias. Decía "colocamos la ropa que la familia nos da encima del cadáver, como si estuvieran vestidos" ya que no se cambia a la persona luego de fallecida en esta situación.

¿Cómo elaboramos el duelo en estas circunstancias?

La angustia que denotaban las consultas que mencioné anteriormente y los testimonios publicados por la BBC me hicieron pensar al respecto. ¿Cómo se elabora el duelo en estas circunstancias? Al hacerme esta pregunta recordé una materia que hice en la facultad hace ya un tiempo llamada Ética. En la misma veíamos la importancia que tienen los rituales funerarios y la elaboración simbólica de la pérdida pero también nos adentramos en lo que es una despedida sin cuerpo como les ocurrió a tantas personas con los desaparecidos de la dictadura militar Argentina.

En primer lugar me gustaría mencionar lo que plantea el segundo testimonio. Al hablar de los rituales de despedida podemos mencionar a los funerales, los cuales son importantes en el proceso de elaboración de una pérdida ya que permiten que el sujeto pueda hacer real la pérdida. Los mismos se enmarcan dentro de lo que se puede pensar como formas simbólicas para lidiar con el dolor que se da ante dicha pérdida.

En épocas de pandemia como en la actual en la cual el COVID-19 produce que no se pueda efectuar un funeral, una ritual de aceptación, un acto compartido con otros para despedirnos de aquella persona que ha fallecido surge la pregunta acerca de cómo elaborar el duelo como mencionaba anteriormente. ¿Es necesaria la realización de un funeral de despedida para poder darle inicio al duelo y poder superar la pérdida? No, claro que no.

El contexto influye

Si hay que tener en cuenta que muchas veces y dependiendo de la persona y el contexto suele ser útil para elaborar el duelo tener una forma de despedirse de aquella persona que ha fallecido pero también debemos pensar que hay muchas formas simbólicas de hacerlo. Gran parte de la sociedad y muchas culturas entierran a sus muertos, otras los creman, otras dejan el cuerpo en la naturaleza para que el mismo se funda con la tierra, entre otras formas. ¿A qué vamos con esto? A que hay muchas formas de hacer el proceso de duelo y cada persona determinará cuál será la idónea para sí misma.

A veces una despedida simbólica puede ser acudir a un lugar que sea representativo para uno, leer alguna canción o poesía que le gustaría al difunto, plantar un árbol, realizar un viaje, efectuar una promesa o como en el caso del testimonio poner la ropa sobre el cuerpo del difunto, entre muchas otras maneras. El pedir que le pongan la ropa encima a la persona aunque no se pueda estar presente en el momento en que se están despidiendo los restos es una forma de procesar la pérdida y empezar a lidiar con ello. Es una forma que si bien está relacionada con la imposibilidad de hacer otra cosa permite expresar algo de ese dolor.

En relación al cierre emocional que también se plantea, si bien el contexto actual entristece, genera angustia y surgen dudas como las mencionadas en un principio es necesario poder ayudar a la persona que está en esta situación a reconocer que herramientas simbólicas posee que escapan a los rituales socialmente establecidos. La cultura muchas veces es determinante y a veces escapar de lo que es habitual y naturalizado puede ser realmente difícil pero es necesario. Aparecen muchas notas sensacionalistas estos días que dicen que “El coronavirus le roba la oportunidad de despedirse a la gente” y, si bien entiendo a que apunta, debemos llevar un poco de calma a esa persona que está sufriendo y darle alternativas ante algo que no puede modificar.

El poder decir adiós tiene mil formas y voces, y creo que es importante difundir eso.

¿Qué pasará a futuro?

A posterioridad se verán los efectos psíquicos que esta pandemia generó en la gente y qué sentirá ese “sobreviviente” que perdió a su ser querido. Pero, por ahora, brindemos contención y apoyo ante esta situación catastrófica e intentemos iluminar a los medios con herramientas que le den al sujeto una luz entre tanta oscuridad.

Una película recomendada

El diablo a todas horas en Netflix

En relación a este tema les recomiendo ver una película de Netflix llamada "El diablo a todas horas" en la cual tenemos de protagonista a Tom Holland. Si bien el nombre del film apunta al género de terror, la pelicula en mi opinion refiere más a lo peligroso que puede ser el fanatismo religioso, lo importante que es tener un otro y la necesidad de poder hacer un duelo.

El protagonista, Arvin, realmente muestra cómo uno puede quedarse detenido en el tiempo sin cerrar una historia al no haber podido enterrar a su mejor amigo de la infancia, su perro Jack. Pero no les voy a contar más para no dar spoilers, vean la película, es muy buena, con alto contenido psicológico y muchas cosas para pensar y reflexionar.