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Argentina. Cuando el odio impide el progreso.

Foto por Miguel Bruna / Unsplash

Seguramente alguna vez te preguntaste (yo muchas veces) ¿Qué es lo que nos impide salir adelante? Alcanzar objetivos como Nación, mejorar los índices de pobreza, seguridad, educación, y así. Hasta que algún día seamos finalmente un país aburrido como esos que muchos admiran ¿Será algo que tenemos en el agua que hace que nos peguemos tiros en los pies, como suele afirmar Chiche Gelblung?

Definitivamente hay más de un motivo. Una decadencia sistémica de más de siete décadas no puede encararse con soluciones mágicas, ni con liderazgos mesiánicos, ni con "resistencia o huevos y aguante" como dijo Manu Ginóbili en una definición aplicable a cualquier ámbito de la Argentina actual.

La decadencia sistémica que nos afecta e involuciona necesita un enfoque sistémico. Una forma de encarar una solución que implica la participación de todos los sectores del país. Con múltiples ejes de acción que tengan en cuenta cómo una posible propuesta afecta a la otra y viceversa, y cómo el conjunto de propuestas en general se afectan e interrelacionan.

Por eso es un enfoque sistémico. Es un conjunto de variables interdependientes que hay que abordar, para tener como resultado, una mejora en un sistema complejo. El país. ARGENTINA.


Foto por Randy Colas / Unsplash

Si todos pierden, todos ganan.

En un esquema de escasez y crisis, para abordar un plan sistémico que involucre a todos los sectores de la sociedad, se necesita por sobre todas las cosas que todas las partes cedan algo en pos de un beneficio común.

El gobierno debe dejar de aislarse y dialogar con los sectores razonables de la oposición con el fin de pensar un plan de largo plazo mas allá del 2019. Está claro que hay facciones que necesitan que el gobierno caiga. Lo han dicho públicamente. Incluidos el Kirchnerismo y la izqueirda.

La Oposición razonable debería dejar de especular con el 2019 para encarar la crisis y apoyar un plan a largo plazo que pueda continuar quien sea que suceda a Cambiemos.

Los sindicalistas, dejar de pedir imposibles, además de ceder prebendas para darle oxígeno a las pymes y permitir que aparezcan nuevas.

Los grandes empresarios deben apelar más a la innovación y dejar de justificar el fracaso y la falta de competitividad al tipo de cambio.

Es posible que haya cierta posibilida de éxito en el futuro si todos quisieran ceder algo por el bien común mediante acuerdos a largo plazo. La mala noticia es que esto nunca ocurrirá en esta Argentina. Y posiblemente tampoco en una Argentina futura.

¿Cuál es la causa por la que, al contrario de la frase fallida de Eduardo Duhalde, estamos condenados al fracaso?

Simple. Argentina está enferma de odio. Desde la discusión más central hasta el tema más banal. Veamos algunos casos.

#DIADELAINDEPENDENCIA

Los invito a leer los comentarios de estos twitts de uno y otro lado de la grieta para entender a lo que me refiero.

#ABORTOLEGAL

Incluso en temas menores e itrascendentes. El odio está presente en cualquier tipo de opinión.

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En el caso de arriba, si entran a la cuenta de instagram, van a poder ver un lamentable eséctaculo de comentarios entre los pro china y pro lizzy.
Resumiendo. No hay ámbito, desde el más trascendente al más banal, donde la violencia verbal o escrita no este presente.

El odio nos domina. Y, cuando el odio gana, la sociedad pierde. Es estructural. Está en cada ámbito y conversación. Argentina está enferma de odio. Por eso está impedida de alcanzar un futuro razonable.

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Viajero, Blogger, Músico y Co-Fundador en @SciDataArg
Buenos Aires, Argentina Website